David Maldavsky
Para una biografía del algoritmo David Liberman (ADL)
(Una nota a Osvaldo Bodni)
Querido Osvaldo:
Apenas comencé a reflexionar acerca del tema de esta
nota, a la que finalmente inclusive le he puesto un título, te tuve a vos como
interlocutor y destinatario, ya que sé que compartimos el interés por el
problema del legado.
Te explico: ayer, viernes 20 de febrero, caí en la cuenta
de que hacía ya dos días que se había cumplido una década de la muerte de
Adela, mi madre, en 1999. Aquella fue una despedida digna, ya que mi madre conservó
hasta el final de su vida su interés por sus hijos y sus nietos.
Fue luego que ella murió que emprendí decididamente el
desarrollo del algoritmo David Liberman. Vos fuiste uno de los testigos de lo
que pasó por aquel entonces. Durante los años precedentes había esbozado
algunos de sus lineamientos, y por supuesto sus fundamentos conceptuales, pero
no me había empeñado en desarrollar sus instrumentos, ponerlos a prueba, etc.
En ese momento, en cambio, tomé la decisión de construir ese complejo andamiaje
de herramientas que ahora integra el algoritmo David Liberman. Comencé con los
instrumentos para la detección de las pulsiones en los relatos, luego
desarrollé el diccionario computarizado para investigar estas mismas pulsiones
en el nivel de las palabras, luego le agregué los instrumentos para detectar
las defensas y su estado en el nivel del relato, más adelante desarrollé las
herramientas para inferir las pulsiones en las escenas desplegadas (tanto los
actos verbales del habla cuanto los componentes paraverbales), y por último
expuse los instrumentos para detectar las defensas y su estado en estas escenas
desplegadas. Simultáneamente, iba presentando las correspondientes
manualizaciones, los estudios concretos realizados, etc.
Esta evocación del camino recorrido en estos diez años me
conduce a la pregunta sobre los objetivos que me guiaban. El más claro es que
pretendía (y pretendo) poner en evidencia que el psicoanálisis es una ciencia,
e incluso una ciencia dura, claro que pensada con un enfoque diferente de los
corrientes. Quiero decir: investigar la subjetividad e inclusive la
intersubjetividad es compatible con un fuerte rigor epistemológico,
metodológico, instrumental y procedimental. Para ello es necesario hacer lo que
hicieron otros científicos y metodólogos. En física, por ejemplo, los
precursores, como Newton, cuya imagen figura en la tapa de uno de mis libros,
empezaron haciendo estudios concretos, cálculos, etc., y luego se pusieron a
investigar los caminos por los que llegaron a sus conclusiones, y a esta
conciencia acerca de su modo de pensar y resolver los problemas la
transformaron en método. Me parece que pasos similares debemos dar en
psicoanálisis: hacer conciente la lógica que empleamos para observar la
subjetividad ajena y la propia, realizar inferencias y ratificarlas o
rectificarlas por el intercambio con el paciente y por otros medios. Es decir,
la investigación de los procesos subjetivos del psicoanalista cuando opera como
tal es un medio para el desarrollo del método.
En consecuencia, en el desarrollo del algoritmo David
Liberman he intentado trasladar al terreno argumentativo, a la creación de
instrumentos, a las tentativas de articular los resultados de su aplicación,
etc., mi forma de trabajo así como las de muchos de mis amigos y colaboradores.
Y me parece que la muerte de mi madre jugó un papel muy
importante en mi decisión de avanzar por este camino, ya que el esfuerzo por
transformar a mi subjetividad y las de mis amigos en método, con sus
herramientas, etc., implica asumir que este destino también será el mío y que,
como ella, me preocupo por dejar un legado, quizá el más complejo de
transmitir. Recuerdo, Osvaldo, que en nuestros intercambios decíamos que los
psicoanalistas están entre los profesionales que más experiencia acumulada se
llevan a la tumba. Algo de esto expuse en el prólogo de mi primer libro
dedicado a describir instrumentos del ADL. Vos decís, con razón, que si no se
logra desplegar la escena ligada a la transmisión de un legado, pueden aparecer
manifestaciones patógenas. Así que tal vez mi esfuerzo por desarrollar el
método tenga también un carácter preventivo de malestares mayores.
Unas palabras finales sobre un descubrimiento que me
sorprendió, ya que no esperaba esa manifestación de la creatividad del
inconsciente. La denominación del método constituye un homenaje a mi maestro,
David Liberman, que me transmitió con generosidad mucho de lo que sé acerca de
las relaciones entre las manifestaciones verbales o de otro tipo y los procesos
pulsionales y defensivos. Me resultaba claro que esta denominación testimonia
una conexión con un padre creativo. Pero luego, como es habitual entre los
metodólogos, propuse una abreviatura: ADL, y hace muy pocos días descubrí,
sorprendido, que la reunión de este conjunto de letras se asemeja mucho al
nombre de mi madre. Inmediatamente recordé al Hombre de las Ratas y su
tendencia a transformar un rezo en sigla, en la cual retornaba eso de lo cual
el rezo pretendía protegerlo. Puede ser que con el desarrollo del ADL yo
también esté tratando de protegerme de algo, tal vez de una tendencia a una
entrega prematura a la muerte (tendencia que seguramente se volvería un
problema si yo no hiciera lo que supongo es mi tarea, es decir, el desarrollo
del método), no lo sé. Sí me doy cuenta, en cambio, que esta relación con mi
madre y su muerte se reúne con mi homenaje a un hombre que me ha transmitido su
legado. Un testimonio público de gratitud hacia un hombre generoso, por el
camino de la sigla, deja paso también a un tributo privado (desconocido
inicialmente para mí mismo) a mi madre.
Un abrazo
David