Recomendaciones prácticas sobre el empleo simplificado del algoritmo David Liberman
David Maldavsky
Varios investigadores interesados en el empleo del algoritmo David Liberman me plantearon si no había forma de economizar tiempo y esfuerzo manteniendo a la vez el rigor metodológico alcanzado. Deseo presentar ahora algunas opciones que pretenden responder a tales requerimientos.
En primer lugar, es conveniente restringir la investigación a un sector concreto, acotado, de un material más extenso. Este mero hecho reduce el material a fragmentos más breves. A su vez, el interrogante que lleva a restringir el material puede conducir a privilegiar algún sector del método, y no solo un sector del material disponible. Por ejemplo, si se desea estudiar la historia infantil de un paciente, o sus sueños, o el motivo de consulta, entonces es posible no solo seleccionar una parte del material disponible sino además un sector del método, el aplicado en los análisis de relatos.
En cambio, si se desea estudiar los lapsus, comparar el comienzo y el final de la hora, los tipos de intervenciones del terapeuta y su eficacia o un momento crítico de cambio de las defensas en la sesión, entonces es conveniente emplear los instrumentos para el análisis de los actos del habla, en el terreno verbal y paraverbal (a veces complementado con el análisis de una escena relatada). Otra alternativa puede consistir en fragmentar la sesión en las escenas relatadas y luego aplicar a dicha fragmentación el diccionario computarizado.
A veces esta necesidad de abreviar el análisis sistemático de un material deriva del proyecto de comparar varios casos, con lo cual se agrega otro problema, el de los criterios de agrupamiento de casos, o fragmentos de ellos. He aquí un listado no exhaustivo de algunos criterios de agrupamiento: 1) la primera (o la segunda) sesión de varios tratamientos, 2) un síntoma o rasgo de carácter común a varios casos, 3) un rasgo de otro tipo, como una fantasía, o una misma escena traumática infantil estudiada en pacientes adultos, 4) una edad similar, o un mismo momento vital, 5)un momento específico de una sesión (por ejemplo, cuando el terapeuta en la primera sesión deja de recoger información y pasa a intentar la sintonía con el paciente), 6) el mismo tipo de atrapamiento clínico del terapeuta, etc.
Cuando se decide estudiar un aspecto cualquiera (por ejemplo, motivo de consulta) y en consecuencia se selecciona algunos fragmentos de una sesión y se desechan otros, es conveniente recurrir a un testeo de la decisión consultando al respecto a un juez independiente, al que se le puede dar el mismo material, y plantear cuál es el enfoque elegido, partir de lo cual se le puede solicitar que también él seleccione lo que le parece pertinente del material más amplio.
Otro modo de economizar tiempo y esfuerzo consiste en no analizar cada una de las escenas redundantes relatadas sino en reunirlas todas en un único análisis. Por ejemplo, una paciente puede contar varios episodios similares de discusión con el esposo que terminan en una escena de comprensión sacrificial dado que el marido ha sufrido mucho en la infancia. Tales episodios insistentes pueden sintetizarse en uno solo, y analizarse como tal, con la aclaración de que se reitera un cierto número de veces. También puede desecharse el relato por la paciente de una escena en que, por ejemplo, una vez el padre o la madre del marido no lo maltrató sino que maltrató a un hermano de este.
Cuando el interés está centrado en realizar inferencias respecto de vivencias infantiles fijadoras, es conveniente combinar el análisis de ciertos relatos con el estudio de algunas escenas desplegadas que pueden llevar a deducir vivencias tempranas que no resultan accesibles a una narración, y que se captan solo por la repetición en el vínculo con el terapeuta durante la sesión. Por ejemplo, un paciente adicto puede no narrar una escena en que ha sido desatendido por los padres, pero logra promover que el terapeuta le retire su interés por atenderlo. La escena desplegada en la sesión puede ser una clara orientación para el estudio de vivencias infantiles de tipo similar, que al paciente le resulta imposible relatar.
En cuanto al análisis de las escenas desplegadas en sesión, a menudo la selección está orientada por el foco estudiado en el nivel del relato, pero en otras ocasiones el recorte se centra predominantemente en ese nivel (actos del habla y no relatos), como cuando el problema que se desea estudiar es la complementariedad estilística o la tentativa más o menos exitosa o fracasada de lograr la sintonía. En cambio, cuando se desea estudiar si paciente y terapeuta han sufrido un atrapamiento clínico (en el cual el segundo inadvertidamente ocupa la posición de un personaje en una escena traumatizante para el primero), es conveniente seleccionar algunas escenas relatadas y otras desplegadas en sesión. También en estas ocasiones es conveniente aportar el material de las sesiones con la descripción del problema a un juez independiente y solicitarle que realice tamibén él el recorte de los fragmentos más pertinentes para el estudio en cuestión.
A veces lo más significativo en el terreno de las escenas desplegadas se evidencia en el contraste entre la presencia y la ausencia de ciertos componentes paraverbales; por ejemplo, en un fragmento de una sesión pueden aparecer chasquidos de lengua, bostezos, risitas tensas o sonidos sibilantes, que en otros fragmentos no aparecen. En consecuencia, es posible distinguir entre dos escenas, a veces alternantes, desplegadas en sesión y que pueden estar ligadas sea con las escenas relatadas, sea con las intervenciones del terapeuta (o su ausencia). En tal caso, la simplificación del análisis de las escenas desplegadas en sesión conduce a jerarquizar solo determinados rasgos paraverbales, y a desechar otros componentes de los actos del habla, pertenecientes al terreno verbal.